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Comic

Witchblade – Art Of The Witchblade

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Edición Especial

32 Páginas

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EL DIOS EN EL CUENCO – ROBERT E. HOWARD – PART 02

Los dos guardias salieron del cuarto. Demetrio siguió examinando el cadáver, en tanto que Dionus, Arus y los restantes policías vigilaban a Conan, que seguía inmóvil con a espada en la mano como una amenazadora estatua de bronce. Poco después se oyó el eco de unos pasos, y los dos guardias entraron con un hombre corpulento, de piel oscura, que llevaba un casco de cuero y la larga túnica que usan los cocheros; traía un látigo en la mano. Los acompañaba un individuo pequeño, de aspecto tímido, con la actitud característica de los que, habiendo nacido en el seno de la clase artesanal, se convierten en ayudantes insustituibles de los ricos mercaderes y comerciantes. El hombrecillo retrocedió lanzando un grito al ver al hombre tendido en el suelo.

– ¡Ah, ya sabía yo que esto nos iba a traer la desgracia! –gimió.

– Eres Promero, el empleado principal, ¿no es así? ¿y tu quién eres? –pregunto Demetrio.

– Soy Enaro, el cochero de Kallian Pubico.

– No pareces conmoverte demasiado el hecho de ver su cadáver – observo Demetrio.

Los ojos oscuros de Enaro centellaron.

– ¿Por qué habría de estar conmovido? –dijo el hombre-. Alguien ha llevado a cabo lo que yo deseaba ardientemente pero no me atrevía a hacer.

– ¡Vaya! –musito el investigador-. ¿Eres un hombre libre?

Los ojos del cochero reflejaban una profunda amargura cuando se abrió la túnica para enseñar la marca característica de los esclavos que tenía en el hombro.

– ¿Sabías que tu amo venía aquí esta noche?

– No. Yo traje el carruaje al Tempo al atardecer, como todos los días. El subió y yo lo llevé a su casa de as afueras. sin embargo, cuando llegamos a la Vïa Palia me ordeno dar la vuelta y regresar. Parecía muy agitado.

– ¿Y lo trajiste de vuelta al Templo?

– No. Me ordenó detenerme en la casa de Promero. Allí me despidió, dándome instrucciones para que volviera a buscarlo poco después de medianoche.

– ¿A que hora fue eso?

– Poco después del atardecer. Las calles estaban casi desiertas.

– ¿Qué hiciste entonces?

– Volví a la casa de los esclavos, donde me quede hasta que se hizo la hora de regresar a la casa de Promero. Fui directamente hacia allí, y tus hombres me tetuvieron cunado hablaba con Promero en la puerta de su casa.

– ¿Tienes alguna idea de motivo que llevó a Kallian a la casa de Promero?

– Él nunca habla de sus asuntos con los esclavos.

Demetrio se volvió entonces hacia Promero y le preguntó:

– ¿Qué sabes tú acerca de esto?

– Nada. –respondió el empleado con los dientes castañeteando.

– ¿Estuvo Kallian Publico en tu casa, tal como afirma el cochero?

– Sí, señor.

– ¿Cuanto tiempo estuvo contigo?

– Sólo un momento. Se marcho en seguida.

– ¿De tu casa se fue al Templo?

– ¡No lo sé! –grito el empleado con voz chillona.

– ¿Para qué fue Publico a verte?

– Para…, para hablar de negocios.

– ¡Mientes! –dijo Demetrio tajante-. ¿Para qué fue a tu casa?

– ¡No se! ¡No se nada! –chillaba Promero histérico-. Yo no tengo nada que ver con esto.

– Hazle hablar, Dionus. –ordeno Demetrio en tono cortante.

Dionus gruño y le hizo una señal con la cabeza a uno de sus hombres, que se dirigió hacia los dos prisioneros con una sonrisa cruel.

– ¿Sabes quién soy? –preguntó mirando fijamente s su encogida victima.

– Eres Posthumo. –respondió el empleado con aire taciturno-. Le arrancaste un ojo a una muchacha en los Tribunales porque no estaba dispuesta a acusar a su amante.

– ¡Siempre consigo lo que me propongo! –exclamo el guardia vociferando.

Las venas de su grueso cuello se hincharon y su cara enrojeció cuando asío al desdichado por el pescuezo, retorciéndole la túnica hasta casi estrangularlo.

– ¡Habla de una vez, rata! –grito-. ¡Contesta al investigador!

– ¡Oh, Mitra, piedad! –chilló el infeliz-. Juro…

Posthumo lo abofeteó violentamente, primero en una mejilla y después en la otra, luego tiró al suelo y lo pateó con feroz ensañamiento.

– ¡Piedad! –gimió suplicante la víctima-. Hablaré…, diré todo lo que…

– ¡Entonces, ponte de pie, canalla! –rugió Posthumo-. ¡No te quedes ahí lloriqueando!

Dionus lanzó una rápida mirada a Conan para ver si estaba debidamente impresionado.

– ¿Ves lo que les ocurre a los que irritan a la Policía? –le dijo. Conan escupio con desprecio y gruño:

– Es un débil y necio. si alguno de ustedes me llaga a tocar, le desparramo las tripas por el suelo.

– ¿Estas dispuesto a hablar? –pregunto Demetrio con aire hastiado.

– Todo o que sé – dijo el empleado sollozando mientras se ponía de pie, gimiendo como un perro apaleado-, es que Kallian llegó a casa poco después que yo, puesto que salimos del Templo juntos, y dijo al cochero que se marchara. Me amenazó con despedirme si yo le contaba algo a alguien. Yo soy un hombre pobre, mis señores, sin amigos ni favores. Si no trabajaba para él, me moriría de hambre.

– Eso no me incumbe –dijo Demetrio-. ¿Cuanto tiempo estuvo en tu casa?

– Se quedo hasta alrededor de las once y media. Luego se marcho diciendo que iba al Templo y que volvería cuando terminara lo que tenía que hacer.

– ¿Qué pensaba hacer aquí?

Promero vaciló, pero una mirada escalofriante al sonriente Posthumo, que alzaba su enorme puño, lo hizo proseguir inmediatamente.

– Quería ver algo en el Templo.

– Pero, ¿por qué vino solo, y en forma tan secreta y misteriosa?

– Por que ese objeto no era suyo; llegó al amanecer, en un caravana procedente del sur. Los hombres de la expedición no sabían nada acerca de ello, salvo que lo habían cargado en una caravana unos hombres que venían procedente de Estigia, y que estaba destinado a Caranthes de Hanumar, sacerdote de Ibis. El jefe de la primera caravana había recibido dinero de los otros para que entregaran el objeto en mano de Caranthes, pero el bribón quería seguir camino a Aquilonia directamente por la carretera que no pasa por Hanumar. Entonces preguntó si podría dejarlo en el Templo hasta que Caranthes mandara a alguien a recogerlo. Kallian accedió a ello y le dijo que él mismo enviaría un criado para avisar a Caranthes. Pero cuando los hombres de la caravana se hubieron marchado y yo le hablé de enviar al mensajero, Kallian me prohibió que lo mandara. Se quedo pensando sobre qué sería aquel objeto que los hombres habían dejado.

– Y que era?

– Un especie de sarcófago como los que se encuentran en las antiguas tumbas estigias. Pero este era redondo, como un cuenco. Estaba hecho de un metal semejante al cobre, pero más duro, y tenía grabados unos jeroglíficos similares a los de los antiguos menhires del sur de Estigia. La tapa se ajustaba perfectamente al cuenco por medio de unas tiras del mismo metal, y también estaban grabadas. Los hombres de la caravana no sabían que contiene. Solo dijeron que quienes se lo habían dado mencionaron que se trataba de una reliquia de un valor incalculable hallada en las tumbas situadas debajo de las pirámides y que se la enviaban a Caranthes <<por la veneración que sentía por el sacerdote de Ibis la persona que lo enviaba>>. Kallian Publico creía que contenía la diadema de los reyes gigantes que dominaron al pueblo que habitaba en aquellas tierras antes que llegaran allí los antepasados de los estigios. Me enseño un dibujo grabado en la tapa que él afirmaba que tenía la forma de la diadema que según la leyenda usaban los monstruosos reyes. Entonces decidió abrir e cuenco para ver lo que contenía. Se ponía como loco cuando pensaba en la fabulosa diadema incrustada con extrañas piedras preciosas que solo conocía la antigua raza. Una sola de esas gemas –decía-, valía más que todos los tesoros del mundo moderno. Yo le advertí que no lo hiciera, pero poco después de medianoche se fue solo al Templo, ocultándose en las sombras hasta que el guardián estuviera del otro lado del edificio y entrando luego con la llave que tenía colgada de la cintura. Yo lo seguí con la vista hasta que entró, y luego regrese a mi casa. Si en el cuenco aparecía la diadema u otro objeto de mucho valor, él tenía la intención de esconderlo en algún lugar secreto del Templo y después saldría sin dejarse ver. A la mañana siguiente pensaba armar un gran alboroto, diciendo que habían entrado ladrones a su casa y habían robado el objeto de Caranthes. Nadie conocería su maniobra, salvo el cochero y yo, y ninguno de los dos lo traicionaría.

– ¿Y el guardián? –objeto Demetrio.

– Kallian no iba a dejar que éste lo descubriera; planeaba que lo crucificaran por complicidad con los ladrones – respondió Promero.

Arus tragó saliva y palideció al enterarse de la falsedad de su patrón.

– ¿Dónde esta el sarcófago? –pregunto Demetrio, y cuando Promero indico con el dedo, agrego con un gruñido-. ¡Vaya! La misma habitación en la que deben de haber atacado a Kallian.

Promero se retorció las delgadas manos y comento:

– ¿Por qué un hombre de Estigia había de enviar un regalo a Caranthes? Antiguos dioses y extrañas momias se han cruzado en el camino de las caravanas anteriormente, pero, ¿quién adora tanto al sacerdote de Ibis en Estigia, cuando allí todavía se venera al supremo demonio de Set, que se oculta en la oscuridad de las tumbas? El dios Ibis ha luchado contra Set desde que se creo el mundo, y Caranthes ha combatido contra los sacerdotes de Set toda su vida. Hay algo oscuro y misterioso en todo esto.

– Enséñanos el  sarcófago – ordeno Demetrio.

Promeo avanzo con gesto vacilante. Todos fueron tras él, incluso Conan, que aparentaba indiferencia aunque sentía curiosidad, ante la mirada precavida de los guardias. Pasaron a través de los desgarrados tapices y entraron en el salón, que estaba menos iluminado que el corredor. Las puertas que habían a ambos lados daban a otras habitaciones, y en as paredes había fantásticas efigies, dioses de tierras extrañas y de pueblos remotos. En ese momento Promero lanzó un grito aterrador.

– ¡Mira! ¡El sarcófago! ¡El cuenco esta abierto y… vacio!

En el centro de la habitación había un extraño cilindro negro, de más de un metro de altura y unos noventa centímetros de diámetro en la parte ancha, equidistante de la tapa y de la base. La pesada tapa grabada estaba en el suelo, y a su ado había un martillo y un cincel. Demetrio miro en su interior, observo extrañado durante unos segundos los borrosos jeroglíficos, y se volvió hacia Conan.

– ¿Es esto lo que venías a robar?

El bárbaro negó con un movimiento de la cabeza y dijo:

– ¿Cómo podría llevase esto un hombre solo?

Cortaron las bandas con este cincel –musito Demetrio-, y lo hicieron de prisa. Hay marcas de los golpes fallidos del martillo que abollaron el metal. Podemos deducir que Kallian abrió el cuenco. Había alguien escondido cerca de él, quizá oculto detrás de las cortinas de la puerta. Cuando Kallian quito la tapa del cuenco, el asesino se abalanzo sobre él, o tal vez primero mato a Kallian y después abrió el cuenco.

– Este objeto es escalofriante –dijo el empleado con un estremecimiento-. Es demasiado antiguo para ser sagrado. ¿Quién ha visto jamás un metal parecido? Parece más duro que el acero de Aquionia; observa que esta corroído y carcomido en algunos lugares. ¡Y mira aquí en la tapa! –dijo Promero señalando con dedo tembloroso-. ¿Qué crees que es esto?

Demetrio se inclino para observar el dibujo grabado y dijo:

– ¡No! –exclamo Promero-. ¡Ya se lo advertí a Kallian, pero él no quiso creerme! ¡Es una serpiente enroscada que se muerde la cola! ¡Es el símbolo de Set, la Antigua Serpiente, el dios de los estigios! Este cuenco es demasiado viejo para pertenecer al mundo de los humanos; es una reliquia de la época en que Set habitaba la tierra con forma humana. ¡Tal vez la raza que nació de él enterraba los huesos de sus reyes en cajas como ésta!

– ¿Quieres decir que uno de estos esqueletos se levanto, estrangulo a Kallian Publico y luego se marcho?

– No era hombre lo que había en este cuenco – susurro el empleado, mirando asombrado con ojos desorbitados-. ¿Qué hombre podría estar enterrado ahí dentro?

Demetrio lanzó un juramento y dijo:

– Si Conan no es culpable, el asesino se encuentra todavía en algún lugar del edificio. Dionus y Arus, que dense comigo, y ustedes tres, los prisioneros, permanezcan aquí también. ¡Los demás busquen por toda la casa! El asesino, en caso de haber conseguido huir antes que Arus encontrara el cadáver, sólo pudo haber escapado por el mismo lugar por el que entró Conan, y entonces el bárbaro lo habría visto, en caso que no mienta.

– No vi a nadie más que a este perro – gruño Conan, señalando a Arus-.

-Claro que no vistes a nadie –dijo Dionus-, porque tu eres el asesino. Estamos perdiendo el tiempo, pero buscaremos por pura formalidad. Y si no encontramos a nadie, ¡te prometo que te quemaremos vivo! ¡Recuerda la ley, mi salvaje de negra melena: por matar a un artesano, te envían a las minas; por asesinar a un mercader, te cuelgan, y por dar muerte a un señor, te queman en la hoguera!

Conan enseño sus dientes por toda respuesta. Los hombres comenzaron a registrar. Los que se quedaron en la habitación oyeron sus pasos arriba y abajo, moviendo objetos, abriendo puertas y gritando de una habitación a otra.

– Conan –dijo Demetrio-, ¿sabes lo que supone para ti si no encuentran a nadie?

– Yo no lo mate –gruño el cimeriano-. Si él hubiera intentado hacerme algo, e hubiera roto el cráneo, pero no lo vi hasta que tuve delante de mi su cadáver.

– De todas formas, alguien te habrá enviado aquí a robar –manifestó Demetrio-, y con tu silencio te haces cómplice del asesinato. El menor hecho de estar aquí es suficiente para enviarte a las minas, admitas o no tu culpabilidad. Pero si nos cuentas todo, podrás salvarte de la muerte en la hoguera.

– Está bien –respondió el bárbaro de mala gana-, vine aquí a robar la copa zamorana de diamantes. Un hombre me entrego el plano del Templo y me dijo dónde la encontraría. Esta en ese cuarto –dijo Conan, señalando la habitación de al lado-, en un nicho que hay en el suelo bajo la efigie de un dios shemita hecha de cobre.

– Dice la verdad –afirmó Promero-. No creo que haya seis hombres en todo el mundo que sepa dónde está escondida esa copa.

– Y, de haberlo conseguido –pregunto Dionus con desprecio-, ¿se la habrías entregado realmente al hombre que te contrato?

De nuevo los ardientes ojos del cimeriano lanzaron destellos de cólera y rencor.

– No soy un perro –dijo el bárbaro entre dientes-. Yo cumplo con mi palabra.

– ¿Quién te envió aquí? –inquirió Demetrio, pero Conan permaneció en un hosca y empecinado silencio.

En ese momento llegaron los guardias después de haber registrado toda la casa.

– No hay ningún hombre escondido en esta casa –dijeron-. Hemos registrado todo e edificio. Encontramos la portezuela del techo por donde entró el bárbaro, y el cerrojo que partió en dos. Si un hombre se hubiera escapado por allí, lo habría visto los guardias, a menos que hubiera huido antes de haber llegado nosotros. Además, habría tenido que apilar algunos muebles para llegar a la trampilla, y no hay señales indicando que alguien lo haya hecho. Pero, ¿no habrá escapado por la puerta principal antes que Arus diera vuelta al edificio?

– No, porque la puerta estaba cerrado con llave por dentro –respondió Demetrio- y las únicas llaves que abren la cerradura son las que tiene Arus y la que todavía cuelga de cinto de Kallain Publico.

– Yo creo haber visto la soga que utilizo el asesino –dijo un guardia.

– ¿Y donde esta, imbécil? –exclamo Dionus.

– En la habitación de al lado – respondió el otro-. Es una gruesa soga negra enrollada alrededor de una columna de mármol. No pude llegar a ella.

El guardia los condujo hasta un cuarto lleno de estatuas de mármol y señalo una columna muy alta. Luego se detuvo estupefacto.

– ¡Ha desaparecido! –exclamo con un grito.

– Nunca estuvo allí –dijo Dionus con un bufido.

– ¡Por Mitra que estaba allí hace un momento! La vi enrollada alrededor de la columna, justo encima de aquellas hojas granadas. Está tan oscuro allí arriba que no pude ver mucho más; estaba allí.

– Estas borracho –dijo Demetrio dándole la espalda-. Este lugar esta demasiado alto como para que un hombre pueda llegar hasta allí, y no hay nadie capaz de trepar por esa columna tan lisa.

– Un cimeriano podría hacerlo. –dijo en voz baja uno de los hombres.

– Es posible. Digamos que Conan estrangulo a Kallian, ató la cuerda alrededor de la columna, atravesó e corredor y se escondió en el cuarto en el que esta la escalera. Pero, ¿cómo pudo haber quitado la soga después de que ustedes la vieron? No, yo les aseguro que Conan no cometió el asesinato. Creo que el verdadero criminal mato a Kallian para conseguir lo que había en el cuenco y ahora está oculto en algún rincón de Templo. Si no conseguimos hallarlo, tendremos que culpar al bárbaro, para cumplir con la justicia. Pero.., ¿Dónde esta Promero?

Los guardias habían regresado a la habitación en a que se encontraba el cuerpo inmóvil, en el corredor. Dionus lanzó un grito llamando a Promero, para que viniera del cuarto en el que estaba el cuenco vacío. El hombre temblaba y su rostro había palidecido.

– ¿Qué sucede ahora? –pregunto Demetrio irritado.

– ¡Encontre un símbolo en la base del cuenco! –dijo temblando Promero-. No es un jeroglífico antiguo, ¡es un signo recién grabado! ¡Es la marca de Thot-Amon, e hechicero estigio, e enemigo mortal de Caranthes! ¡Debe de haber encontrado el cuenco en alguna terrorífica caverna debajo de las pirámides encantadas! ¡Los dioses antiguos no morían como los hombres, sino que caían en prolongados letargos y sus adoradores los encerraban en sarcófagos para que ningún extraño pudiera interrumpir su sueño! Thot-Amon envió a Caranthes a la muerte. La codicia de Kallian dejo en libertad a ese demonio, que ahora se halla oculto cerca de nosotros. Incluso puede estar acercandose sigilosamente a nosostros.

– ¡Grandicimo tonto! –rugió Dionus, dándole un fuerte golpe en la boca a Promero-. Bueno, Demetrio –dijo volviéndose hacia el investigador-, no veo razón para no arrestar a este bárbaro…

El cimeriano lanzó un grito, mirando hacia la puerta de una habitación adyacente al cuarto de las estatuas.

– ¡Miren! –exclamó-. He visto algo que se movía en esa habitación; lo he visto a través de los tapices. Cruzo por el suelo como una sombra.

– ¡Bah! –dijo Posthumo bufando-. Ya hemos registrado esa habitación…

– ¡Has visto bien! –chillo Promero histéricamente-. ¡Este lugar esta maldito! ¡Alguien salió del sarcófago y mató a Kallian Publico! ¡Se escondió donde ningún hombre podría hacerlo, y ahora ronda por esa habitación! ¡Oh, Mitra, defiéndenos de los poderes de las tinieblas! ¡Que busquen de nuevo en ese cuarto, señor! –concluyo aferrándose a la túnica de Dionus con dedos que parecían garras.

Mientras el perfecto se liberaba del desesperado apretón del empleado, Posthumo dijo:

– ¡Tendrás que buscar tú mismo, mequetrefe!

Luego, agarrando a Promero con una mano en el cuello y otra en el cinto, empujó al infeliz delante de él en dirección a la puerta, donde se detuvo y lo lanzó con tal violencia que Promero cayó y quedo medio inconciente.

– ¡Basta! –gruño Dionus, mirando al silencioso cimeriano.

Luego el perfecto alzó una mano –la tención era enorme- y se produjo una nueva interrupción. Entro un guardia, arrastrando a un joven delgado y ataviado con ropas elegantes y caras.

– Lo vi escabullirse por la parte trasera del Templo –exclamo el guardia, buscando aprobación, pero en lugar de ello fue insultado hasta ponérsele los pelos de punta.

– ¡Suelta a ese caballero, grandísimo imbécil; torpe! –grito el perfecto-. ¿No conoces a Aztrias Petenius, el sobrino del gobernador?

El guardia se aparto avergonzado, mientras el fatuo joven aristócrata se limpiaba con gesto remilgado una manga de su túnica bordada.

– Ahórrate las disculpas, mi buen Dionus –dijo suavemente-. Todo ha sido en nombre del deber, lo sé. Regresaba a casa de una juerga nocturna y venía andando para refrescar mi cabeza de los vapores etílicos. Pero, ¿qué pasa aquí? ¡Por Mitra! ¿Hubo un asesinato?

-Si, mi señor –respondió el perfecto-. Tenemos un sospechoso que, aunque Demetrio no esté seguro, irá sin duda a la hoguera por ello.

– Un bruto de aspecto feroz –murmuro el joven aristócrata-. ¿Como se puede dudar de su culpabilidad? Jamás he visto a nadie de aspecto tan infame.

– ¡Claro que le has visto, maldito perro perfumado! –gruño el cimeriano-. Me has visto cuando me contrataste para robar la copa zamoria. ¿Una juerga? ¡Bah! Estabas esperando en la oscuridad a que te entregara el botín. No habría revelado tu nombre si hubieras jugado limpio. Ahora dile a estos perros que me viste trepar por la pared después que el guardia hiciera su última ronda, para que sepan que no tuve tiempo de matar a este puerco cebado antes que Arus entrara y hallase el cadáver. Demetrio lanzó una rápida mirada a Aztrias. El joven no se inmuto.

– Si lo que el bárbaro dice es cierto, mi señor -dijo el investigador-, esto lo deja libre de sospecha de asesinato, y podemos echar tierra sobre este asunto de intento de robo. Al cimeriano le corresponden diez años de trabajos forzados por allanamiento de morada, pero basta con que tú lo pidas para que lo dejemos libre y nadie, salvo nosotros, sabrá nada de esto. Lo comprendo, no sería el primer joven aristócrata que tiene que recurrir a esto para pagar deudas de juego o algo parecido, pero puedes confiar en nuestra discreción.

Conan miro expectante al joven, pero Aztrias se encogió de hombros y bostezo cubriéndose la boca con su blanca y delicada mano.

– No lo conozco –respondió-. Está loco cuando dice que yo lo he contratado. Que reciba su merecido. Es fuerte, y el trabajo en las minas le hará bien.

Conan miró asombrado con ojos centellantes y dio un respingo como si lo hubieran pinchado. Los guardias se pusieron alertas y empuñaron sus alabardas, pero en seguida se tranquilizaron al ver que bajaba la cabeza, con gesto de hosca resignación. Arus no sabía si e joven os estaba mirando a través de esas espesas cejas negras.

El cimeriano ataco sin más previo aviso que da una cobra cuando se lanza sobre su presa. Su espada brilló a la luz de las velas, Aztrias comenzó a chillar pero sus gritos se extinguieron cuando su cabeza voló de sus hombros entre un chorro de sangre, con las facciones convertidas en una banca mascara de horror.

Demetrio extrajo su daga y dio un paso adelante para apuñalarlo. Como un felino, Conan se dio media vuelta e intento clavar un puñal asesino en la ingle del investigador. El instintivo salto hacia atrás de Demetrio apenas consiguió desviar el sable que se hundió en su muslo, resbalo sobre el hueso y a punta del arma salió por el otro lado de la pierna. Demetrio cayó sobre una rodilla lanzando un gemido de agonía.

Conan no se detuvo. La alabarda que esgrimía Dionus salvó al perfecto de recibir un mandoble que le hubiera hundido el cráneo, pero la hoja resbalo hacia abajo y corto limpiamente su oreja derecha. La fulminante rapidez del bárbaro paralizó a los demás policías. La mitad de ellos habrían quedado fuera de combate antes de que tuvieran tiempo de enfrentarse a él, pero el fornido Posthumo, más por suerte que por destreza, logro rodear con sus brazos el cuerpo del cimeriano, intento aprisionar su brazo armado. El bárbaro lanzó un puñetazo a la cabeza del guardia con la mano izquierda, y Posthuno se desplomo gritando y cubriéndose la órbita vacía y sangrante en la que había habido un ojo. Conan saltó hacía atrás eludiendo los golpes de las alabardas. El impulso lo llevó fuera del círculo de sus adversarios y ahora se encontraba cerca de Arus, que se había agachado para recoger su ballesta. Un puntapié violento en el estomago lo hizo caer al suelo con la cara lívida y haciendo arcadas, mientras Conan le dio un golpe en la boca al guardia con  la sandalia. El infeliz lanzo un chillido con los dientes rotos mientras de sus labios destrozados manaba una espuma sanguinolenta.

En ese momento todos se quedaron paralizados al oír un impresionante grito de horror que llegó desde la habitación en la que Posthumo había arrojado a Promero. El empleado apareció tambaleante entre las cortinas de terciopelo y se detuvo temblando, con enormes sollozos silenciosos, mientras las lágrimas rodaban por sus pálidas y pastosa mejillas y humedecían sus abios abiertos, babeantes y blancuzcos; parecía un niño idiota llorando. Todos lo miraron espantados: Conan, con la espada goteando sangre; los guardias con sus alabardas levantadas; Demetrio, arrodillado y encogido en e suelo procurando contener la sangre que manaba de la enorme herida que tenía en el muslo; Dionus, apretando el sangrante muñón de la oreja cortada; Arus llorando y escupiendo fragmentos de dientes rotos, y hasta Posthumo, que dejó de aullar y parpadear con el único ojo que le quedaba. Promero entro tambaleándose en el corredor y cayó tieso ante ellos, estallaba en carcajadas demenciales.

– ¡La mano de dios llega muy lejos, ja,ja,ja,! ¡Oh, nadie se salva de su maldición!

Luego tras una espantosa convulsión, se quedo rígido mirando hacia las sombras del techo con ojos que ya no veían y sonriendo con un gesto espeluznante.

– ¡Esta muerto! –exclamo Dionus con voz sobrecogida y llena de temor, olvidándose de su propia herida y hasta de bárbaro que estaba a su lado con la espada manchada de sangre.

Se acerco al cuerpo y lo examino, irguiéndose en seguida con los ojos desorbitados.

– No esta herido –dijo-. En nombre de Mitra, ¿qué hay en esa habitación?

El pánico hizo presa de ellos y huyeron gritando hacia la puerta de salida. Los guardias dejaron caer sus alabardas, se amontonaron en la salida dando manotazos, arañándose y gritando, y salieron corriendo como locos. Arus salió tras ellos, y también el puerco Posthumo, que chillaba quejándose como un cerdo herido y suplicaba que no lo dejaran solo en ese lugar. Se cayó entre los que iban detrás, que lo tiraron al suelo y lo pisotearon, gritando de miedo. Se arrastró tras ellos, y detrás venia Demetrio, cojeando y apretándose el muslo herido del que aun manaba abundante sangre. La policía, el cochero, los guardias, los oficiales y funcionarios, tanto los que estaban heridos como los que no lo estaban salieron a la calle dando voces de espanto, los transeúntes horrorizados salían huyendo son detenerse a preguntar por que.

Conan quedo solo en el amplio corredor, exceptuando los tres cadáveres que yacían en el suelo. El bárbaro empuño con más fuerza su espada y entró en la habitación. Estaba llena de tapices de seda, había lechos con almohadones de seda por todas partes en un descuidado derroche. Entonces, el cimeriano vio un rostro que lo contemplaba por encima de un pesado biombo dorado. Conan miró asombrado la fría y clásica belleza de aquel semblante; jamás había visto un ser humano igual. Aquel rostro no expresaba debilidad o compasión, ni crueldad, ni bondad, ni ningún otro sentimiento humano. Podía tratarse de la máscara de mármol de un dios, tallado por una mano maestra, a no ser por el inconfundible hálito de vida que había en esa criatura, una vida fría y extraña, que el cimeriano nunca había visto y que no comprendía. Pensó fugazmente en la marmórea, y maravillosa hermosura del cuerpo que debía de estar ocultando el biombo; ha de ser perfecto –se dijo-, a juzgar por aquel rostro de belleza sobre humana. Pero solo alcanzaba a ver la cabeza modelada, que se movía de un lado a otro. Los labios carnosos se abrieron y pronunciaron una sola palabra, con voz cálida y vibrante, como el tañer de las selvas de Kithai. Hablaba en una lengua desconocida, olvidada antes de que erigieran los reinos de los hombres; pero Conan comprendió perfectamente su significado.

– ¡Acércate! –le decía-.

El cimeriano se acerco con un salto felino y el silbido de su espada cortando e aire. La hermosa cabeza cayó separada del cuerpo, dio contra el suelo a un lado del biombo y rodó un trecho hasta quedar inmóvil.

Entonces Conan se estremeció y un escalofrió indescriptible le recorrió el cuerpo al ver que el biombo se sacudía por las convulsiones de algo que había detrás. El bárbaro había visto y oído morir a decenas de hombres, pero jamás había escuchado semejante estertores de un ser humano. Era un forcejeo aterrador. El biombo se agitó, se balanceó, se tambaleó, se inclinó hacía adelante y cayó en un estruendo a los pies de Conan. Éste se asomo y observo lo que había detrás.

Entonces un horror inenarrable se apodero del cimeriano, que corrió sin cesar hasta que las torres de Numalia se desvanecieron con la luz del alba a sus espaldas. El recuerdo de Set era como una pesadilla, al igual que el de los hijos de Set que una vez reinaron sobre la tierra y que ahora estaban sumidos en un profundo sueño en sus tenebrosas cavernas debajo de las sombrías pirámides. Porque detrás del biombo dorado no había cuerpo humano, sino los anillos trémulos y brillantes de una gigantesca serpiente decapitada.

TITULO ORIGINAL: The God on the Bowl  – 1952 

     

    


LA ERA HIBORIANA – PT VI – ROBERT E. HOWARD

LA ERA HIBORIANA.

Capitulo 6: La Oscuridad y el Amanecer.

 

9500 a. C.

Después del colapso del imperio aquiloniano, las hordas hirkanianas llegaron del este, hirkanianos y turanianos se unieron un tiempo bajo un solo jefe. Fueron invencibles, ni los ejércitos aquilonianos se les opusieron y arrasaron Zamora, Britunia, Hiperborea y Corintia. Luego continuaron con Cimeria sometiendo a los bárbaros de negra cabellera. Pero, entre las colinas, donde su caballería era menos efectiva, los cimerianos se volvieron contra ellos, y solo la retirada los salvo de la total derrota.

46

Los Pictos, autonombrados amos de Aquilonia, masacraron a casi todos sus habitantes en el proceso. Probablemente solo estos feroces pictos confiaron en detener a las fuerzas hirkarianas para agregar Estigia a su imperio.

Nemedia, nunca antes conquistada, ahora se tambaleaba entre el este y el oeste cuando los Aesir se comprometieron como mercenarios. Estos, rechazaron a los hirkarianos y detuvieron el avance de los picto.

Mientras Gorm, el viejo picto, cuya ambición había generado la matanza, era ultimado por Hiamar, jefe de los Aesir nemedianos, han pasado 75 años desde que é oyó las historias de as tierras de occidente de labios de Aurus. Tiempo para que un hombre viviera o una civilización muriera.

Durante un corto tiempo, pictos e hirkarianos riñeron sobre las ruinas del mundo que habían conquistado.

Entonces empezaron las eras glaciales y muchas tribus nórdicas emigraron al sur emparentando con otros clanes. Nemedia, mientras, se convirtió en un reino nórdico gobernado por los descendientes de los mercenarios Aesir.55

Presionados por las corrientes nórdicas, los cimerianos marcharon destruyendo Gunderland primero y luego derrotando a los nemedianos nórdicos pasando por los pictos y saqueando algunas de sus ciudades, siguieron hacia e este venciendo a los ejércitos en las fronteras de Britunia, las hordas de Aesir y de Vanir se reunieron en el sur y se fundo un nuevo imperio Picto.

Nemedia fue vencida y los medio civilizados nórdicos huyeron antes de que sus savajes allegados dejaran las ciudades en ruinas. Estos nórdicos-nemedianos rompieron el poderoso cerco de los hirkarianos en Shem, Britunia e Hiperborea, forzando a los descendientes de los lemurianos a volver hacia el mar de Vilayet, mientras los cimerianos destruían e antiguo reino hirkariano de Turan y se establecieron por el mar interior. Con sus imperio destruido, los hirkarianos sacrificaron a todos los cautivos para luego volver al misterioso oriente. Ellos retornarían miles de años después como Mongoles, Hunos, Tártaros y Turcos.

Mientras, también los aventureros de Vanir llegaban a Estigia, donde habían vencido y formado un vasto imperio en el sur al que llamarían Egipto. De estos peli rojos conquistadores descenderían los faraones.

El mundo occidental estaba ahora dominado por los bárbaros nórdicos. Fueron pocas ciudades, una vez denominadas hiborianas, las que se desvanecieron de la tierra dejando apenas huella de su sangre en las venas de sus conquistadores. Con el tiempo, la historia de la era Hiboriana se vería perdida en una nube de mitos y de fantasías.

23 Y luego, otra terrible convulsión de la tierra envolvería a todos en el caos de nuevo, y esculpiendo las tierras como ahora las conocemos, grandes fajas de la costa occidental se hundieron y las montañas de Cimeria se convirtieron en las Islas Británicas. Se formo el Mar Mediterráneo cuando el continente estigiano se desprendió del resto del mundo.

El territorio alrededor del cada vez más seco mar interior no fue afectado y los nórdicos pudieron vivir más o menos en paz con los cimerianos ya establecidos ahí. Con el tiempo ambas razas se mezclaron.

En el occidente, el resto de los Pictos, considerados los salvajes de la edad de piedra, se apoderaron de la tierra una vez más, hasta que fueron vencidos por los cimerianos y os nórdicos.

De esto resultó una creciente población la cual atestó e occidente de mar interior, ahora conocido como Caspio y de tamaño más reducido y la migración se volvió una necesidad económica.

Conocidas ahora como Arianos, estas tribus se mudaron a zonas ocupadas ahora por India, Asia Menor y gran parte de Europa. Algunas variaciones de estos hijos de Arias aun son reconocidos, pero otros han sido olvidados.

Los nemedianos de la legendaria Irlanda fueron nemedianos Aesir, los de Dinamarca, los de Vanir. Los rubios Aqueos, Galos e Ingleses descendieron de os Aesir. Los Gaélicos, antepasados de los irlandeses y escoceses descendieron de los cimerianos. Los antiguos sumerios fueron una mezcla de hirkanianos y semitas, mientras que los semitas más puros descienden los Árabes e Israelitas. Los hirkanianos, retrocediendo a as costas orientales de continente, evolucionaron en Hunos, Mongoles, Tártaros y Turcos antes de su sangriento regreso a la historia.

Los origenes de las otras razas del mundo moderno podrían ser similares más de lo que se supone, en casi todas ellas, sus historias se extienden a las nieblas de la olvidada Era Hiboriana.        

 

Con esta entrada termina la adaptacion a ensallo de La Era Hiborina de Robert E. Howard, donde nos brinda su propia versión de lo que ocurrio antes de comienzo de la historia escrita. Todo un universo que nos hace pensar el mundo no como fue, sino como puedo haber sido.. o tavez como debió ser.

 


LA ERA HIBORIANA – PT V – ROBERT E. HOWARD

LA ERA HIBORIABA

Capitulo 5: Fuego y muerte.

 

9500 a.C

Arus, sacerdote de Mitra, inculcó a Gorm, el jefe picto, el deseo de ver las tierras civilizadas. A petición de Gorm, Arus lo guió a él y algunos de sus guerreros a través de los caminos bosonianos donde los honestos aldeanos quedaban asombrados ante el resplandor del mundo exterior… Pronto los Pictos fueron a Aquilónia.

 

61 Arus pensó sin duda que convertiría a muchos en adoradores de Mitra debido a que lo seguían, pero lo que realmente deseaban de él, era aprender a explotar las minas para convertir los depósitos de hierro en armas. Con esto, Gorm empezó a asegurar su dominio sobre los clanes pictos.

 

Aquilónia, mientras tanto continuaba con sus guerras por el sur y por el oeste y prestaba poca atención a las vagamente conocidas tierras del oeste, de donde mas y mas guerreros provenían para formar parte de sus ejércitos mercenarios. Estos guerreros volvieron a su salvajismo con buenas ideas acerca de la guerra civilizada. No obstante que despreciaban a la civilización.

 

63

Gorm se convirtió en jefe de jefes, y los pictos tuvieron un acercamiento con un rey. Él había esperado tanto que ya pasaba de la edad madura, y ahora iba contra los  fronterizos en franca guerra. Demasiado tarde Arus vio que no había tocado el alma de los paganos sino su codicia. y en un esfuerzo por deshacer su labor, un embriagado picto le destrozo la cabeza. Gorm hizo que el cráneo del asesino fuera puesto en lo alto del sepulcro del sacerdote.

 

Los pictos prorrumpieron con violencia por las fronteras bosonianas, portando armas de afilado acero… Durante años los Bosonianos sostuvieron a los invasores en la bahía, impidiéndoles avanzar.

 

Mientras tanto, el imperio aquiloniano se hacía más fuerte, con arrogancia, los guiaba a tratar con gente menos poderosa. Argos, Zingara, Ofir, Zamora fueron tratados como ciudades subordinadas que eran hostigadas por los rebeldes zingaranos. También Koth era tributaria, y primero Estigia y después Britunia fueron derrotadas en batalla. Sin embargo, Nemedia, directamente en el oeste, nunca fue sometida. Así, los ejercitos aquilonios se fueron al fin contra su estado vecino.

 

Sin embargo, las clases brillantes fueron llenándose con mercenarios, especialmente bosonianos. Debido a la guerra del este, quedaron muy pocos hombres cuidando la frontera bosoniana. Y, sabedores de la violencia de la que los pictos habían hecho gala en sus tierras de origen, regimientos  de bosonianos abandonaron la campaña nemediana y se fueron al este a derrotar a los pictos.64

Esta deserción, sin embargo, fue la causa directa de la derrota de los aquilonianos por los nemedianos. La cual, hizo caer sobre los bosonianos la crueldad y la ira de los imperialistas.

 

65 Los regimientos aquilonianos fueron conducidos a las fronteras y los jefes bosonianos a sus campamentos. Ahí los desarmados jefes fueron masacrados, y las huestes imperiales atacaron a la confiada gente de norte a sur, los ejércitos aquilonianos marcharon a lo largo de las fronteras dejando a su paso sólo muerte y desolación.

 

Y entonces, la invasión Picta ardió en todo su poder a lo largo de esas fronteras, guiada por Gorm, ahora envejecido, pero no por eso menos fiero. Esta vez no hubieron resueltos guerreros bosonianos en su camino. Así, la sangre de los bárbaros hervía en Aquílonia antes de que sus legiones regresaran.

 

Zingara vio la oportunidad de liberarse del yugo y la siguieron Corintia y los semitas… regimientos de esclavos y mercenarios volvieron a sus propias ciudades, provocando destrucción y saqueos a su paso mientras los pictos surgían del este. En medio de este caos, los salvajes cimerianos descendieron de sus colinas consumando la ruina.

 

Y el imperio aquiloniano descendió entre el fuego y la sangre.

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LA ERA HIBORIANA – PT IV

LA ERA HIBORIANA.

Capitulo 4. El principio del fin.

Circa 9500 a. C.

Quinientos años después de la época del rey Conan. la civilización hiboriana fue arrasada, mientras su vigorosa cultura aún estaba en su apogeo.

55 Fue la avaricia de Aquilonia la que indirectamente causó ese trastorno. En sus deseos por extender el imperio, los reyes se anexaron a Zingara, Argos y Ofir, así como las ciudades del oeste de Shem. Incluso Koth, con Corintia y las tribus semitas del este fueron obligadas a pagar tributo a Aquilonia, y a dar ayuda en sus guerras. Nemedia que durante siglos había resistido exitosamente a Aquilonia, hizo una alianza contra el imperio del oeste con Britunia y Zamora, y secretamente con Koth. Pero antes de que sus ejércitos se unieran para la batalla, apareció un nuevo enemigo al este. Reforzados por aventureros hirkarianos, los jinetes de Turan arrasaron Zamora para encontrar a los aquilonianos en los llanos de Britunia. Los aquilonios mandaron al este a los turanianos vencidos, la alianza nemediana se había roto. La derrota de los hirkarianos demostró a la nación el verdadero poder de Aquilonia- Zamora fue reconquistada, la gente descubrió que cambiaron a sus amos del este por unos del oeste. Los soldados aquilonianos fueron acuartelados ahí, para mantener a la gente en sujeción, y al mismo tiempo protegerla.56

 

 

Al norte había incesantes reyertas a lo largo de las fronteras cimerianas entre los guerreros de pelo negro y sus distintos vecinos: los de Nordeimr, los bosonianos y los cada ves más poderosos Pictos, muchas veces, los cimerianos atacaron Aquilonia, pero no eran invasiones, sino meras sesiones de pillaje.

Pero por un extraño capricho del destino, fueron los Pictos en el oeste los que estaban destinados a derrocar a los reyes aquilonianos de sus altos puestos.

 

59 En esa época un sacerdote nemediano llamado Arus, decidió ir a las regiones salvajes del oeste, e introducir a los paganos Pictos a la adoración de Mitra. El relato de las cosas horribles que les sucedieron a los exploradores que le precedieron, no lo desanimaron.

A lo largo de los años, los pictos se beneficiaron con el contacto con civilizaciones hiborianas, aunque ellos siempre se resistieron fieramente a ese contacto. Vivian en clanes que generalmente estaban enemistados entre si, sus costumbres eran sanguinarias, la mayoría de las veces inexplicables para los hombres civilizados, como Arus de Nemedia.

Arus tuvo la fortuna de conocer a un jefe más inteligente de lo normal llamado Gorm, quien le dio permiso de permanecer en su tribu, sin que nadie la amenazara. Este fue un caso único en la historia de los pictos, y de mejores consecuencias para la floreciente civilización hiboriana, que si Arus hubiera sido asesinado.

 

Arus aprendió la lengua picta y arengó a Gorm sobre los eternos derechos y la justicia que eran las verdades de Mitra. Arus, como hombre practico que era, apeló al sentido de ganancias materiales de los pictos. Señalo el esplendor de los reinos hiborianos como una prueba del poder de Mitra. Arus habló de ricas ciudades y de llanuras fértiles, de torres enjoyadas y de armaduras relucientes. Y Gorm, con el infalible instinto de los bárbaros, ignoró las palabras relacionadas a los dioses y sus enseñanzas y se concentró en las riquezas materiales, tan vehemente descritas.

 

Ahí entre las casuchas hechas de barro, donde el sacerdote vestido de seda daba sus aburridos discursos, y el jefe de piel oscura y con pieles de tigre, se daban las bases para el imperio picto.


LA ERA HIBORIANA (Part 3) – ROBERT E. HOWARD

LA ERA HIBORIANA

Capitulo 3: Los reinos Hiborianos.

Circa 14000 – 10000 A.C.

1500 Años después del cataclismo que creó el mar interior, las tribus hiborianas han ido de norte a sur conquistando y destruyendo muchos de los clanes no clasificados, sin embargo, estos conquistadores no han hecho contacto con las tribus mas antiguas.

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Por el sureste, los descendientes de los Zhemri han empezado a revivir las sombras de su antigua cultura.

Por el occidente los Apish de la Atlántida iniciaron el ascenso hacia la verdadera humanidad.

Mientras que, al sur de ellos, los Pictos permanecen salvajes, desafiando las leyes de la naturaleza al no progresar ni retroceder.

Y en el lejano sur, permanece dormido el misterioso reino de Estigia.

Sobre la frontera oriental, clanes de nómadas salvajes son conocidos como Los Hijos de Shem. 

Y cerca de los Pictos, en el extenso valle de Zingg, protegido por enorme montañas, una banda de primitivos sin nombre crearon un avanzado sistema de vida.38

Mientras, el primero de los reinos hiborianos surgía a la existencia… El rudo y bárbaro reino de Hiperborea, el cual tuvo sus inicios en un tosco fuerte, de rocas  amontonadas para repeler los ataques. Existen  mas eventos dramáticos en la historia del surgimiento de este feroz reino cuya gente cambió abruptamente su condición de nómada para establecerse en moradas fijas.

Por esa época, los Lemurios evolucionaban en una forma semi civilizada y así se recuperaban del naufragio que tanto los había hecho retroceder.

Los hiborianos,  mientras tanto fundaron el reino de Koth en las fronteras de las pastorales tierras de Shem. Los salvajes de las tierras de Shem hicieron contacto con los Hiborianos y los Estigianos emergían lentamente de su bárbara condición.

Hacia el norte, el primer reino de Hiperborea es derribado por otra tribu la cual conservó su antiguo nombre.

Al sureste de Hiperborea, el reino de los Zhemri se llamó Zamora.

Por el suroeste, los Pictos invasores se mezclaron con los agricultores moradores del fértil valle de Zingg. Esta raza mezclada, sería conquistada por una tribu de Hyedat y con estos revueltos elementos surgió el reino de Zingara.

500 años después, los reinos del mundo quedaban claramente definidos. Los reinos de los Hiborianos: Aquilonia, Nemedia, Britunia, Hiperborea, Koth, Ofir, Argos, Corintia y el Reino Fronterizo denominado mundo occidental. 44

Zamora queda al este, Zingara al suroeste de ésta. 

46 Más al sur, duerme Estigia, intocable para los invasores extranjeros, mediante la gente de Shem cambio el yugo estigiano por el amargo de Koth. Los estigianos marcharon por el sur del rio Styx, el cual desemboca en el mar occidental.

Al norte de Aquilonia están los cimerianos, furiosos salvajes que nadie ha sometido. Descendientes de la antigua Atlántida, ellos progresaban más rápidamente que sus viejos enemigos los Pictos, quienes habitaron el salvaje oeste de Aquilonia.

Otros cinco siglos y la gente Hibori fue la poseedora de una viril civilización, cuyo reino más poderoso es el de Aquilonia. Donde otros compiten con él en cuanto a esplendor y fuerza. Son supremos en el mundo occidental.

En el norte, sin embargo, los barbaros de ojos azules y doradas cabellos, ahuyentaron a las restantes tribus hiborianas, excepto a las de Hiperborea. Su tierra es Nordeheim y se divide entre los Vanir de cabellos rojos y los Aesir, de cabellos amarillo.

Los lemurianos entran de nuevo a la historia como Hirkarianos. Presionando hacia el oeste, una tribu estableció el reino de Turan en la playa del mar interior de Vilayet. Luego, otros clanes hirkarianos presionaron alrededor de dicho mar.

Conozcamos a la gente de aquella época:

Los dominantes hiborianos ya no son de cabello y ojos oscuros, se han mezclado con otras razas, ´pero sin que esta unión los haya debilitado.

Los semitas son hombres de estatura media, de ojos oscuros y de barba espesa y negra. 50

La clase dominante de Estigia, son de hombres altos y fuertes.

La gente de Nordheim conservan su piel clara, ojos azules y pelo rubio.

Los cimerianos son altos, poderosos, de pelo negro y ojos azules o verdes.

Los pictos guardan el mismo tipo de siempre, bajos de estatura, morenos y de ojos y pelo negro.

Al sur de Estigia, se encuentran los vastos reinos negros: De Los Amazonas, Los Kushitos de la Atlántida y el imperio de Zembabwei.

Entre Aquilonia y la salvaje población de los Pictos, descansan los Bosonianos, descendientes de aborígenes y mezclados con hiborianos. Ellos son testarudos guerreros y grandes arqueros, lo que les ayudó para sobrevivir durante los siglos de guerra contra los bárbaros del norte y del oeste.

Esta, por lo tanto fue una “época soñada”… cuando los reinos se esparcieron por el mundo y bajo las estrellas.

Fue la era de Conan…


LA ERA HIBORIANA (Part 2) – ROBERT E. HOWARD

Capitulo 2: El surgimiento de los Hiborianos.

17000 – 15000 A.C.

Cuando el cataclismo provocó la destrucción de la Atlántida y de Lemuría, los habitantes de las Islas Pictas también perecieron pero una gran colonia de ellos, establecida por las montañas de la frontera sur de Valusia, salió virtualmente ilesa.

El reino de la Atlántida, asentado en el continente principal, también escapó de la  ruina, y a el llegaron varias tribus de la tierra hundida.

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Muchos lemurios tomaron hacia el oeste del continente, únicamente para ser esclavizados por la antigua raza que ya habitaba ahí. Su historia por miles de años, fue una leyenda de brutal esclavitud.

En la parte oeste del continente, espesas selvas cubrían las planicies, se levantaron montañas y los lagos cubrieron las ruinas de vieja23s ciudades.

Obligados a luchar por sus vidas continuamente los hombres de la Atlantida se las arreglaron para conservar los vestigios de su antiguo estado.  Entonces, su agitada cultura se puso en contacto con la poderosa nación de los Pictos. Los reinos de la edad de piedra entrechocaron y, en una serie de sangrientas batallas, los numéricamente débiles hombres de la Atlántida fueron arrojados al salvajismo y se detuvo la evolución Picta. Cinco años después del cataclismo, el reino de los bárbaros había desaparecido.

el lejano sur, intacto por la destrucción, es un misterio, su destino aun es prehumano. Pero un remanente de las naciones civilizadas no valusinas, se establecieron en las faldas de las montañas del sudeste. Ellos eran los Zhemri.

Mientras en el norte, otra gente surge lentamente a la existencia. Una banda de salvajes casi humanos habían huido a este punto para escapar de la destrucción, pero las heladas regiones les parecieron solo habitables para cierta especie de monos contra los que ya se habían enfrentado y que luego perecieron, los humanos primitivos se adaptaron al nuevo e inhóspito ambiente y sobrevivieron.

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Entonces, otro cataclismo menos grave alteró la apariencia del continente original y dejo un gran mar interior para separar el este del oeste. Los terremotos, inundaciones y la furia volcánica completo la ruina de los bárbaros iniciada ya por las guerras.

Mil años después, existieron tribus errantes de hombres-mono sin idioma, fuego o herramientas. Eran descendientes de los hombres de la Atlántida. Otros salvajes habitaron en cavernas, pero conservaron su nombre de Pictos.27

Por el lado este, los esclavizados lemurianos se levantaron contra sus amo, los destruyeron y acecharon las ruinas de una extraña civilización.  Los sobrevivientes de esta, marcharon hacia el oeste destronando a los prehumanos del sur y fundaron un nuevo reino llamado Estigia, los restos del reino prehumano parecen haber sobrevivido después de que la raza fue destruida.

En el norte, una raza crecía: Los hiborianos o hiboris. Su dios era Bori, un gran jefe que la leyenda elevo a deidad. 1500 años en la nevada región hizo de ellos una raza guerrera. Y ahora son conducidos hacía el sur en pausadas jornadas.

Por esa época, un vagabundo del norte regreso con la noticia de que ese punto estaba habitado por hombres-mono descendientes de las bestias y expulsados por los antepasados de los Hiborianos. Para exterminarlos, los siguió una banda de guerreros más allá del circulo ártico. Ninguno regreso.

Y mientras, las tribus de los hiborianos navegaban hacia el sur para formar la siguiente era de los vagabundos y conquistadores.

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