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Prehispanica

TEOCALLI DE LA GUERRA SAGRADA

TEOCALLI DE LA GUERRA SAGRADA.

 

Teocalli de la guerra sagrada

La única pieza arqueológica que tiene grabado el símbolo de la fundación de Tenochtitlan, el águila posada sobre el nopal.

Se trata de una de las piezas emblemáticas de la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología (MNA), en ambas de sus caras están grabados elementos que representan al imperio Mexica y sintetizan la cosmovisión de ese pueblo, destacó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Fue bautizado por el destacado arqueólogo mexicano Alfonso Caso como el Teocalli de la Guerra Sagrada.

La iconografía del Teocalli celebra el triunfo del Sol en el universo y justifica el poder de los mexicas, tras la fundación de su ciudad en el año 2-Casa (1325) , fecha inscrita en la parte superior de la cara principal del monolito.

Fue esculpido en piedra volcánica, de 1.23 metros de alto por 92 centímetros de ancho y un metro de espesor. En su cara posterior esta grabado el símbolo de la fundación de México Tenochtitlan, el águila parada en el nopal y de cuyo pico sale el símbolo de la guerra: el atl-tlachinolli en lengua náhuatl, o corriente doble, de agua y fuego, cuya imagen se puede confundir con dos serpientes entrelazadas.

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De acuerdo con la arqueóloga Bertina Olmedo, curadora de la Sala Mexica del MNA, la iconografía de la escultura la hace una de las piezas emblemáticas de la colección del museo. Ya que “es el único vestigio arqueológico prehispánico que tiene grabado el símbolo de la fundación de Tenochtitlan, que se encuentran en varios documentos históricos, como el Códice Mendocino, pero no en pieza arqueológicas”.

El monolito se encontró en 1926, en los cimientos del torreón sur del Palacio Nacional, en el predio que ocupaba el Palacio de Moctezuma II. Su forma asemeja la base de una pirámide con escalones que conducen a un templo. En ambos costados de los escalones están labradas las representaciones de vasijas que contienen ofrendas llamadas cuauhxicalli, con las fechas 1-Conejo y 2-Caña.

Al centro, en la parte superior tiene el disco solar, debajo de este se encuentra Tlaltecuihtli, el sol esta flanqueado a la izquierda por Huitzilopochtli y a la derecha Moctezuma; los costados del templo tienen las flechas 1-Piedra y 1-Muerte y la piedra o espejo humeante asociado con Tezcatlipoca, dios de la noche y el destino.

A los costados del templo también están grabados los dioses Tláloc (lluvia), Tlahuizcalpentecuhtli (amanecer), Xiuhtecuhtli (fuego) y Xochipilli (flores, música y canto).

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El relieve de la parte posterior reitera la grandeza del pueblo mexica, que ofrece sus corazones, al igual que el nopal ofrece sus tunas, consumidos por el águila triunfante, símbolo señalado por Huitzilopochtli para fundar Tenochtitlan.

Olmedo destacó que todos los personajes y símbolos representados se conjugan en una gloriosa alabanza a la guerra y se relacionan con el sacrificio a los dioses para alimentar a la tierra y al sol; en el Teocalli están representados simbólicamente el imperio mexica.

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COATLICUE

clip_image002Es la madre de todos los dioses del panteón azteca, una de las principales deidades que trajo ese pueblo al inmigrar al Valle de México. Es una forma de la diosa de la tierra, madre de Huitzilopochtli el dios del sol y de la guerra. Las representaciones de Coatlicue muestran la parte mortífera de esta diosa porque la tierra, aparte de madre bondadosa de cuyo seno nace todo lo vegetal, es el monstruo insaciable que devora todo lo que vive, eso sin contar con que también los cuerpos celestes desaparecen tras ella.

Sin embargo, la imagen colosal de Coatlicue, originaria de la “Casa negra” – su templo en Tenochtitlán- no la representa solamente en su calidad de diosa de la muerte, sino como una figura sin cabeza, con lo que se expresa que la diosa de la tierra era al mismo tiempo diosa de la luna: en muchos mitos se cuenta que ésta entabla una lucha a muerte con el sol y resulta decapitada porque su disco se oscurece a medida que se acerca el representa a la luna.

Coatlicue, en náhuatl “la de la falda de serpientes”. Diosa terrestre de la vida y la muerte, también recibía los nombres de Tonantzin “nuestra venerable madre”, y Teteoinan “madre de los dioses”. Su esposo era MIxcoatl, la serpiente de las nubes y dios de la persecución. Como virgen, alumbró a Quetzalcóatl y Xólotl.

Tuvo a su hijo más aguerrido en lo que se representa como un amanecer. Cuenta la leyenda que era una viuda piadosa que un día que barría el templo y que una bola de brillantes plumas que caída del cielo la fecundó.

Este misterioso embarazo ofendió a sus otros cuatrocientos  hijos e hijas, los Centzon Huitznahua que, instigados por Ciyolxauhqui, decidieron matarla en atroz arrebato de ira, pero Huitzilopochtli, dios de la guerra, que nació en el momento preciso y completamente armado lo primero que hizo fue matar a sus hermanas y hermanos, hoy la luna y las estrellas. Huitzilopochtli cortó la cabeza de su hermana Coyolxauhqui y la arrojo al cielo donde se convirtió en la Luna.

La representación más importante de la Coatlicue es la que se conserva en el Museo Nacional de Antropología de México: tiene pies y manos en forma de garras, una falda de serpientes entrelazadas y el pecho cubierto por un cráneo, manos y corazones humanos. La cabeza de la diosa está sustituida por dos cabezas de serpiente encontradas, que simulan dos chorros de sangre que brotan de su cuello cortado.