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VUDÚ

FIGURAS DE ARCILLA Y ALABASTRO ATRAVESADAS POR CLAVOS Y PUNTAS, MUÑECOS DE CERA PRECURSORES DE LOS ACTUALES MUÑECOS DEL VUDÚ. LAS HUELLAS DE LA MAGIA VUDÚ HAN SIDO HALLADAS EN CIVILIZACIONES TAN ALEJADAS DEL CARIBE COMO EGIPTO O MESOPOTAMIA HACE NADA MENOS QUE TRES MIL AÑOS.

image001En el año de 1884, el entonces cónsul británico, Spencer St. John, escribió un libro en el que aseguraba que los ritos vudú consistían esencialmente en la comisión de infanticidios (con el subsiguiente banquete) en honor de una serpiente – dios. El argumento de dicho libro fue continuado en el siglo XX por el periodista sensacionalista, W. h. Seabrook, y por un jefe de policía norteamericano que residió en Tahiti desde 1915 a 1933. Pero la siniestra fama que procuraron estos relatos a la isla se convirtió, paradójicamente, en uno de sus mayores atractivos turísticos.

Para los investigadores A. Métraux y L. Mair, la palabra Vudú, que se supone designa a un tipo de brujería extraordinariamente siniestra, no se trata en realidad de brujería. Lea, gran erudito en el campo de la investigación de las artes mágicas, suponía que dicho termino se derivaba de gentilicio vaudois o vaudense, vocablo francés que de modo genérico designaba a la brujería y a la practica de la misma que se achacaba al grupo herético de los valdenses. No obstante, el termino Vudú tampoco es de origen francés, si no que procede de África Occidental, una deformación del termino yoruba que significa Dios, la religión de los esclavos originarios de Dahomey llevaron a Haití. Posteriormente se incorporaron a ella elementos del ritual cristiano.

Sin embargo, el ritual Vudú debe muy poco a cristianismo. Durante el mismo, se celebran sacrificios de animales y se usa su sangre con fines mágicos. Entre sus prácticas más conocidas aparece la utilización de muñecas o wanga, las que se clavan agujas para producir enfermedades e, incluso, la muerte. Es requisito esencial que las muñecas wanga hayan sido construidas por los sacerdotes (hounga) o las sacerdotisas (mambo), o bien que hayan sido hechizadas por ellos. La wanga representa a la victima y se dice que, clavando alfileres en sus órganos vitales, la persona puede terminar muriendo. Las muñecas han sido activadas y convertidas en a victima por llevar incorporada en ella algún resto material (uñas, dientes, pelo, sangre… ) de la misma, un trozo de una prenda o ropa de la cama donde duerme. Para el vuduista, si se quiere hacer daño a una mujer, nada mejor que conseguir sangre de su menstruación; o esperma en caso del hombre.

ORIGEN

El Vudú supone, en esencia, un complejo tratado de religión y magia, con ritos y símbolos desarrollados a lo largovudu2 de siglos y que hunde sus raíces en los principios de nuestra civilización. Entre sus practicas más usuales se encuentra el canibalismo ritual –con el fin de apropiarse de las cualidades del muerto-, e sacrificio de niños, el culto a la serpiente y las orgías sexuales, elementos que reconocemos en todas las religiones pre-cristianas del Próximo Oriente y el antiguo Egipto, zonas ambas, sorprendentemente, muy alejadas en el espacio y el tiempo del área donde en la actualidad pervive el culto Vudú, fundamentalmente en el Caribe, en la isla de La Española (Santo Domingo y Haití) y ciertos estados del sur de Norteamérica.

Los historiadores han identificado prácticas mágicas similares a las del actual Vudú hace ya miles de años. Los principios mágicos de simpatía o contacto, basados en el axioma de que “la parte es el todo”, no han variado desde que el hombre existe, si bien los medios de han sofisticado con el tiempo. De hecho se conservan numerosos documentos mágicos que prueban la existencia de practicas vuduistas ya desde el IV milenio a. C. en Mesopotamia. Hasta la fecha han aparecido numerosos amuletos, joyas con nudos mágicos, collares de cuentas, inscripciones en tablillas, encantamientos, conjuros y figuras de genios alados o extraños demonios. Semejante arsenal ha sido encontrado en excavaciones programadas o fortuitas, templos antiguos, tumbas removida, casas particulares y lugares públicos que nos remontan a civilizaciones perdidas en la noche de los tiempos. Incluso las pinturas de las cuevas del Paleolítico se han interpretado como elaboradas con el propósito mágico de poseer, atar o herir en la imagen a diferentes animales con el fin de poderlos cazarlos con mayor facilidad, una primera aplicación a la magia vuduista. Con la llegada de los documentos escritos, sorprende hallar encantamientos amorosos, protectores, profilácticos, mortales maldiciones y terribles conjuros que ponen en acento en quienes olvidan las promesas, profanan las tumbas, incumplen los juramentos a los dioses o, simplemente , son adversarios.

Algunos de estos ejemplos de utilización vuduistas de objetos mágicos pueden verse hoy en museos y colecciones mesopotámicas, asirio-babilónicos, caldeos, egipcios, griegos y romanos. Asimismo, todavía pueden contemplarse en las paredes de los templos egipcios y en los numerosos papiros mágicos que se conservan. A través de ellos se constata las mismas acciones que hoy siguen perviviendo: roturas, utilizaciones de colores, signos, nudos, ataduras, uso de materiales mágicos como el plomo o estaño, palabras de poder, sonidos y salmodias, puntas clavos mágicos y muñecas de cera, madera o papiro.

TEXTOS DE EXECRACIÓN EGIPCIOS

Desde las épocas anteriores al comienzo de las primeras dinastías, los egipcios fueron excelentes magos, exorcistas y astrónomos que unieron a sus practicas misteriosas el conocimiento de las leyes de la Naturaleza, unos conocimientos a los que llamaron Hekau, que –según las enseñanzas de Merikare- un dios elaboró para los hombres a fin de que éstos pudieran dominar las leyes de la Naturaleza. Entre los documentos mágicos que se conservan de esta zona figuran los denominados “Textos de Execración”, formulas escritas en figuritas con forma humana procedente de la necrópolis Sakkara –próxima a El Cairo- y que se conservan en los museos de Bruselas, El Cairo y el Louvre, en París. E material del que están hechas estas figurillas es arcilla o alabastro; su tamaño oscila alrededor de los treinta centímetros y presentan escritura hierática con tinta roja. Todas ellas pertenecen al imperio medio egipcio y muestran a los prisioneros arrodillados, sentados sobre sus talones, con los brazos atados a la espalda a la altura de los codos. Suelen tener también un agujero tras los brazos para pasar un cordel, y los textos que llevan inscriptos poseen maldiciones para quienes se atrevan a traspasar las fronteras egipcias. Además de atestiguar la practica de la magia de estado por parte de los faraones del II milenio a. C., estas figuras prueban la relación de país con la vecina palestina y la costa de Siria. Dichas figuritas precursoras de los muñecos de manipulación vuduista no son un hecho aislado, pues se conocen también los denominados “Textos de Mirgissa” y los vasos del museo de Berlín, que tuvieron las mismas características e igualmente fueron destruidos a propósito. La tinta roja con a cual están marcados simboliza a la sangre, a la que se ha atribuido desde antiguo el poder de contener y repeler al enemigo. El mismo principio de protección mágica aparecen en los Kudumos de la III Dinastía casita de Babilonia, documentos de la cultura caldea, la de la magia más potente de todas las existentes.

CANIBALISMO SAGRADO

Figuras humanas rotas parecen ser, en última instancia, sustitutos de personas que tal vez en su tiempo fueron sacrificadas con la finalidad de llevar a os dioses los mensajes de los vivos. Acaso fueron estas almas atormentadas por una muerte injusta, las que acumulaban un resentimiento que, trasformado en energía negativa, era aprovechado por el mago para proteger con ella los lugares donde las figurillas fueron enterradas. Además, no hay que olvidar que algunas aparecen con restos humanos, en sus día objeto de extraños sacrificios rituales. En este último caso se comían determinadas partes de la víctima, como su corazón o e hígado, para los antiguos la sede del valor o e sentimiento. A estos difuntos asesinados se les enterraba con las figurillas de enemigos a los que debían destruir (evidentes similitudes con muchas de las modernas prácticas de Vudú), o bien se usaban se resentida alma para acabar con sus asesinos o consultarles en el futuro tras hacerles “resucitar” momentáneamente. Dicho rito lo describe Homero en La Odisea, donde se narra cómo Ulises, queriendo regresar a su patria, no lo consigue, y es entonces cuando la maga Circe le indica que debe consultar al espectro de Tiresias, para lo cual “has de abrir un hoyo bastante profundo y libarás por los muertos una libación triple… Siéntate luego y empuñando la espada no permitas que las cabezas de los difuntos se acerquen mucho a la sangre vertida, hasta que aparezca Tiresias y te indique el camino que has de seguir para volver a tu patria a través del mar”.

JEROGLIFICOS CORTADOS, ENEMIGOS DESTRUIDOSvudu tex

Los arqueólogos han encontrado con frecuencia en las paredes de las tumbas y templos egipcios, así como en los escasos papiros conservados, jeroglíficos cortados deliberadamente. En la concepción mágica de aquellos tiempos late ya con la claridad la idea –que hoy defiende cualquier practicante del Vudú- de que la interdependencia creada entre la entidad viviente y su representación gráfica es de tal intensidad que lo que se haga al animal u hombre representado se esta haciendo en realidad al ser viviente. A estas creencias se atribuye una curiosa forma de “robo mágico” ocurrido en algunas tumbas egipcias como la de Ny-Ankh-Pepy, en Sakkara, que se basa precisamente en el convencimiento de que bastaba martillear una figura para paralizar a la persona que ella representaba; para matarla, se estimaba que era suficiente con borrar el nombre de dicha persona. Así se hizo con faraones egipcios como Hatsepshut y Akenatón. Algunos, incluso, pensaron en apropiarse de los beneficios del dueño de la tumba borrando de ella el nombre del propietario y sustituyéndolo por el del usurpador mágico. En ese sentido como han de leerse las tablillas mágicas que aluden a escenas de caza o muestran figuras encerradas en círculos mágicos. Estos actos de control mágico iban acompañados del atado de los prisioneros con nudos mágicos, danza y exorcismos nocturnos con sonidos de tambores, crótalos y melodías de diversas cadencias que se suponían daban vida a las figuras, activándolas en las tumbas de los que descansaban. Nada diferente, como vemos, a lo que hoy día llevan a cabo los sacerdotes vudú, y que entonces corría por cuenta de los Kheri-heb, capaces de “dar vida” o de quitarla a voluntad. Nada distinto de lo que ocurre en los cementerios de Haití, porque ya por aquel entonces, hace tres mil años, las rumbas se aseguraban con clavos y se recurría a las laminillas de plomo –metal mágico de Saturno, frío como la misma muerte, cubiertas de fórmulas mágicas, las más de las veces escritas al revés con la mano izquierda. A estas tablillas se le denominaba defixiones tabellae y se enterraban bajo la arena de la frontera de dos países enemigos, como Libia o Nubia. También asociada a las tumbas egipcias se atribuye una curiosa forma de “robo mágico”, basándose precisamente en el convencimiento de que bastaba martillear una figura para paralizar al sujeto representado en ella. Así ha quedado conservado en el Museo del Louvre en una estela en la que un sacerdote-escultor del imperio medio habla del secreto de la ejecución de las figuras: “Yo conozco el secreto de los jeroglíficos y sé cómo hay que hacer las ofrendas rituales. Yo he aprendido toda magia y nada me es oculto…” Pero si a importancia mágica de la representación gráfica data de antiguo, no menos antigua es la voz humana, el tono y la vibración sonora que se utilizan para dar vida a las figuras pintadas. Lo nombrado es lo que existe; la falta de nombre es la Nada. Para evitar utilizar los poderes de la magia onomástica, se mantenían en secreto los dos primeros nombres de cada individuo. En la magia negra de hace tres mil años era esencia el conocimiento de este nombre. Así en una fórmula mágica leemos: “Se ha pronunciado sobre la estatuilla de cera que representa a la persona, sobre la que se ha de escribir su nombre antes de actuar y sepultar en la tumba”. Cualquier sacerdote houngán del vuduismo sabría como llevar este proceso a cabo. También en el Papiro Lee, que contiene la narración de la conjura de harem contra el faraón Ramsés III, se habla de un acusado que se escondía para fabricar figurillas humanas de cera que llevaba el nombre de los soldados, a los que conseguía de este modo mantener en su puesto hasta la muerte. Y como no, también el color formaba parte de dichas ceremonias mágicas: el azul proporcionaba sintonía entre el amuleto y las fuerzas a las que convocaba; el rojo era maléfico en algunas ocasiones y en otras la fuerza de la vida y la sangre de oveja se utilizaba para escribir encantamientos tan explícitos como el que sigue: “Que se abra el sexo y la matriz de fulana y se desangre noche y día”. Colores benéficos eran el blanco –color de Horus- y el negro –color de la madre Isis-, y especialmente protector el verde.

Entre los muchos documentos antiguos que se conservan, hemos guardado para el final tres ejemplos excepcionales de los principios vuduistas ya presentes en la magia de hace tres mil años. Uno de ellos es el de las Figurillas de Tel Sandahanna, entre seis y diez ejemplares de plomo hallados en as excavaciones de Bliss y Mac Alister. Todas ellas aparecen con la mano sobre el pecho o detrás de la espalda, atadas con hilos de plomo, hierro o bronce, y algunas con los pies ligados del mismo modo. El segundo ejemplo viene dado por a impresionante figurilla de Ptolemais, una mujer con los brazos atados a la espalda, arrodillada. Su mayor originalidad radica en que todo su cuerpo está atravesado por ocho puntas: una en la nuca, dos en los ojos y oídos, una en el pecho, otra en el ombligo y otra última en los genitales. Si se recuerda alguna práctica vudú como la descrita por Otto Rene, en la que se utiliza una muñeca con ocho alfileres para matar a Eric Frazier, en 1802, la similitud resulta evidente. Un papiro mágico greco egipcio describe a la perfección como se utilizan estas figurillas: “toma cera y barro y moldea dos figuras, femenina y masculina.. Escribe sobre la figura de la mujer, sobre su cabeza, isee lao ithi oune, y sobre el oído izquierdo our mechan; sobre el derecho libaba oimathotho; sobre su rostro; amounabreo… Toma trece agujas de bronce y clávale una en e cerebro diciendo ‘yo te atravieso el cerebro’ dos en los oídos y dos en los ojos, y una en la boca y dos en las entrañas, y una en as manos, y dos en los órganos sexuales, y dos en las plantas de los pies… Toma también una lamina de plomo y graba en ella a misma fórmula y recítala, y atando la lamina a las figuras con un hilo haciendo 365 nudos, di luego como ya sabes ‘Abraxa sujeta’. Y ponlos junto a una tumba de un muerto antes de tiempo o uno muerto de forma violente…”  El último ejemplo de vuduismo de hace 2400 años se conserva en la Estela de a fundación de Cirene, escrita en caracteres griegos a finales del siglo VII a.C. Se trata de un documento oficial que nada tendría de especial a no ser por la advertencia que lleva impresa, una terrible maldición para quienes se atrevan a desobedecer al Consejo de la ciudad. La amenaza de los sacerdotes de entonces resuena con fuerza que el paso de los siglos no ha podido borrar. “… modelaron imágenes de cera y las quemaron allí mismo, al tiempo que se servían de la siguiente imprecación: el que no se atenga a este compromiso, que se derrita y disuelva como estas imágenes, él mismo, su simiente y sus propiedades…”.                                          

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Tenoch

Tenoch o Tuna de Piedra (Corazón Fuerte)

(¿? – ¿1366?)

Más de siglo y medio de peregrinaje llevó a los aztecas arribar al lugar que Huitzilopochtli, su profeta y primer guía, les prometió al salir de la legendaria Aztlán, su tierra de origen.

Se cree que partieron del “lugar de las garzas” en 1160 bajo la dirección de Huitzilopochtli. A su muerte, ocupó su sitio Tenoch, quien llevó a la tribu hasta Chapultepec, o cerro de saltamontes, que en aquella época (1255) pertenecía a los tecpanecas de Azcapotzalco.

Ahí establecidos, tomó el poder Huitzilihuitl, un guerrero experimentado, pues la tribu sabía que en poco tiempo serían atacados por los dueños de aquel lugar.

Ninguno de los pueblos se preocupó al principio de los nuevoa habitantes de Chapultepec, pero éstos pronto se multiplicaron y comenzaron a dar muestras de valor. Entonces una alianza formada por lso señores de Culhuacan, Xaltocan y Azcapolzalco los desterró de Chapultepec y Huitzilihuitl fue asesinado.

Los mexicas fueron conducidos por Tenoch, su gupia nuevamente, hacía Tizapan, un área seca y salitrosa, designada por los señores de Culhuacán, en la que era muy posible que murieran de hambre. Pero los mexicas, para sorpresa de los culhuacanos, aprovecharon todo cuanto podía ofrecerles el territorio y lo hicieron generoso. Comenzó el señor de Culhuacan a confiar en los mexicas, pero las sanguinarias ofrendad que éstos llevaban a cabo en honor de Huitzilopochtli, hicieron que fueran desterrados de Tizapan y se refugiaran a las orillas del lago, huyendo constante mente de sus enemigos.

Fue hasta 1325 que los mexicas encontraron por fin la señal que les había prometido Huitzilopochtli (un águila sobre un nopal, devorando una serpiente). Tenoch de inmediato comenzó a trabajar en la construcción de un pequeño adoratorio y llamo a ñla nueva ciudad Mexico.

Tiempo despues una rebelión causó una división en la isala. Quienes apoyaron a Tenoch llamaron a su ciudad Mexico Tenochtitlan, y los rebeldes la llamaron México Tlatelolco. Tenoch gonerno Tenochtitlan hasta su muerte, que se ubica en la segunda mitad del siglo XII.